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LIBRA y el Juicio de Paris | Astrología
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LIBRA y el Juicio de Paris Imprimir E-mail
Escrito por Liliana Lopez Conde   
Lunes, 05 de Octubre de 2009 10:01

Hemos llegado al séptimo y al único signo zodiacal que es representado por un objeto inanimado. Su nombre significa “balanza” y se cree que en la primitiva astrología Libra no existía como entidad separada. En realidad la constelación de Escorpio (el signo que le sigue) era mucho más grande que la actual y abarcaba dos facetas o aspectos distintos. La parte del cielo que hoy conocemos como Libra era llamada “Chelae”, las pinzas del Escorpión que se transforman en los platillos de la balanza. Se atribuye la separación de Libra y Escorpio al césar Augusto (que se dedicaba a la astrología). Augusto nació el 21 de septiembre del año 62 a.C. (es decir en la frontera con el inicio de Libra) y, como se veía a sí mismo como el más grande de todos los césares, reclamó para sí la creación de esta constelación. De todos modos, 200 años antes, ya se había nombrado a Libra como constelación zodiacal. Hoy sabemos, no obstante, que los sumerios ya habían realizado esta «operación» en el 2.340 a.C. para conceder un propio espacio en el cielo, al equinoccio de otoño (punto de igual duración del día y de la noche) que en esa época, había entrado en las «pinzas del escorpión» (período de la cosecha, la época más importante según el culto de los sumerios).

Esto nos permite suponer que nuestra noble capacidad de juicio (balanza) emerge de algo mucho más antiguo, arcaico y primitivo evolucionado en el tiempo hasta lo que hoy conocemos como evaluación imparcial objetiva.

Aunque el símbolo de Libra sea más reciente, en la mitología hay imágenes muy antiguas que simbolizan el juicio. Por ejemplo en la mitología egipcia la balanza simbolizaba el juicio al que Osiris sometía a las almas en el mundo subterráneo. Según el ritual cuando el alma del muerto ha cruzado la zona entre el mundo de los vivos y el de los muertos, es llevada ante la presencia de Osiris. Una gran balanza preside la sala donde va a celebrarse el juicio y Maat, la diosa de la verdad, pesa el corazón del muerto. Mientras un monstruo, en parte león, en parte hipopótamo y en parte cocodrilo espera para comerse el corazón del culpable. En la sala también hay cuarenta y dos personajes sentados (las 42 provincias del Egipto Antiguo) ante los cuales el alma del muerto debe realizar una “confesión negativa”, es decir una enumeración de los pecados que no ha cometido. Anubis coloca en uno de los platos de la balanza a la misma Maat o a la pluma de verdad que era su símbolo y en el otro platillo coloca el corazón que ha de ser juzgado. En el caso de que ambos platillos permanezcan en equilibrio, es decir cuando los pecados del hombre no pesan más que la pluma de Maat, los jueces emiten un veredicto favorable. Ahora bien, si el hombre no había sido justo, es decir si no había obrado en su vida conforme a Maat, tras la muerte le esperaba la aniquilación y el olvido.

Maat bajo la forma de una deidad femenina determinaba el acceso o nó a la eternidad,  ella personificaba el orden cósmico, la justicia (como concepción), la verdad y la estabilidad que ha de estar presente en el mundo y en el cosmos. Representaba el equilibrio, la armonía del universo tal y como fue creado al principio. En la sociedad este respecto por el equilibrio implicaba la práctica de la lealtad, la verdad, justicia y respecto a las leyes y a los individuos. Maat es una diosa reflexiva, su ley es la de los códigos morales y éticos de la sociedad.

La imagen mítica de Osiris juzgando las almas es un reflejo del juicio al que los dioses someten a los hombres e implica la existencia de principios sobre el modo correcto o incorrecto de vivir la vida. No se trata de principios que emerjan del reino de la naturaleza sino que pertenecen al campo del espíritu humano y están relacionados con su perfeccionamiento. La figura de Osiris y los platillos de Maat o la pluma de la verdad ofrecen una visión del punto de vista del signo de Libra, según la cual el cosmos es, en última instancia justo, en la que el bien termina siendo recompensado y el mal termina siendo castigado. Pero para Libra esta visión no se trata de una valoración individual sino más bien de una ética universal que trasciende los asuntos meramente humanos.

También en la mitología griega encontramos los juicios de Paris y de Tiresias. Paris, también llamado Alejandro “el que protege a los hombres” era hijo del rey Príamo de Troya quien había sido advertido que su hijo se convertiría en la ruina de su país,  motivo por el cual lo abandona en el monte Ida. Una osa lo amamanta y le salva la vida. Con el tiempo el joven Paris comienza a destacarse por su hermosura, inteligencia y fortaleza testimoniando la cuna real del joven príncipe. En razón de su perspicacia con las mujeres y su extraordinaria capacidad de juicio, Zeus le pide que sea el árbitro en el litigio surgido entre tres diosas olímpicas. Es así que mientras pastaba su rebaño, se le aparece el dios Hermes (el mensajero del Olimpo) acompañado por las diosas Hera, Atenea y Afrodita. Le entrega una manzana de oro, que Eride la diosa de la Discordia había arrojado en la boda de Peleo y Tetis, y un mensaje que decía: “Paris ya que eres tan bien parecido y tan prudente en asuntos femeninos, Zeus te ordena juzgar cual de estas tres diosas es la más hermosa y otorgarle la manzana de oro a la vencedora”. Paris que no era tonto comprende inmediatamente que cualquier respuesta que de le enemistará con las dos diosas no elegidas, por lo que como un buen Libra, intenta galantemente dividir la “manzana de oro” en tres partes iguales. Pero Zeus no acepta esta propuesta y le exige una respuesta concreta. Ante esto el príncipe troyano ruega a las diosas que no se molesten si no las favorece pero está obligado a elegir sólo a una de ellas. Las tres le prometen no desquitarse con él en el caso de no ser elegidas. Entonces Paris les pide que se despojen de sus atuendos: Afrodita se saca el famoso cinto que hacía que todo el mundo se enamorara de ella, Atenea se quita el casco de combate que le daba una apariencia noble y distinguida y Hera, por su parte como convenía a la Reina de los dioses, simplemente se quita la ropa.

Para inclinar la elección del joven troyano, la diosa Hera le ofrece la soberanía sobre Asía y convertirlo en el hombre más rico del mundo pero Paris no quería la gran responsabilidad que implicaba semejante riqueza. En tanto Atenea le promete salir victorioso de todas las batallas, pero como este no es el mito de Aries, tampoco el joven se siente atraído por la propuesta, La diosa Afrodita en cambio, más conocedora de lo que podía motivar a Paris, le ofrece la mujer más hermosa del mundo, Helena que era hija de Zeus y esposa del rey Menéalo. Paris objetó que Helena ya estaba casada pero Afrodita le dijo que ella se encargaría del tema. Dicho esto el joven troyano, sin pensarlo dos veces, le entrega la manzana de oro. Como era de suponerse este juicio le ganó la enemistad de las diosas Hera y Atenea a pesar de lo prometido previamente, quienes se marchan juntas para planificar la destrucción de la ciudad de Troya.

Cuando Paris se encuentra con Helena, los dos se enamoran inmediatamente y se escapan a Troya. Este incidente da a los griegos la excusa para hacer lo que siempre habían deseado, reducir a cenizas la ciudad de Troya. Durante la guerra muere Paris y también los hijos que había tenido con Helena, quien siendo semidivina fue devuelta y arrepentida a su esposo.

En este mito nos encontramos con un héroe joven típicamente Libra que tiene que emitir un veredicto que implique una evaluación personal y una decisión ética, pauta que tiene que ver con el destino concreto del signo de Libra. Muchas veces las elecciones amorosas de Libra suelen ser confusas, difíciles y sus decisiones, algunas veces, lo empujan a dilemas emocionales y tal vez hasta financieros, que son agotadores.

El  otro juicio, el de Tiresias tiene un carácter diferente. Tiresias es un profeta ciego conocido por su comprensión y buen juicio. Fue quien advirtió a Edipo de la maldición que pesaba sobre Tebas. Sobre su historia hay varias versiones. Según una de ellas él también tuvo al igual que Paris que decidir cual era la más bella entre cuatro diosas, entre Afrodita y las tres Gracias. El profeta eligió a una de las Gracias y con ello desató la cólera de Afrodita que lo transformó en una anciana.

En otra versión el joven Tiresias un día encontró a dos serpientes apareándose. Las dos lo atacaron por lo que las golpeó con su bastón de cerezo matando a la hembra. En ese mismo momento se convirtió en mujer viviendo muchos años como una famosa prostituta. Siete años más tarde en el mismo lugar volvió a encontrar a las serpientes apareándose, y acá mata a la serpiente macho recuperando inmediatamente su masculinidad. Por su conocimiento de los dos sexos,  y debido a su experiencia, Hera y Zeus un tiempo después lo invitan a participar como árbitro de una discusión que mantenían sobre quién disfruta más del placer del sexo. Tiresias  se vió obligado a dar la respuesta más imparcial y veraz por lo que respondió que “si dividimos el placer sexual en diez partes una corresponde al hombre y tres veces tres a la mujer”. Hera muy enfurecida lo golpea y lo deja ciego. Pero Zeus se apiada de Tiresias y le concede la “visión interna”, la capacidad para comprender el lenguaje profético de los pájaros, una larga vida que perduraría por siete generaciones y también la capacidad de penetración incluso en el oscuro submundo. Sea cual sea el origen de la ceguera y la videncia de Tiresias, lo cierto es que, según se dice, vivió por más de doscientos años y los héroes más famosos de la historia griega recurrieron a su sabiduría y a su facultad de la adivinación. Tiresias es un mediador entre los dioses y los hombres y a su vez entre las mujeres y los hombres por su experiencia vivida.

Tiresias como todos los personajes que nos vamos encontrando tiene un defecto. Su defecto consiste en suponer que los dioses son justos y creo que este problema de un universo justo está muy ligado con el destino de Libra. Libra tiende a entrar en colisión con lo que en la vida es injusto.

Analizando los dos mitos podemos empezar a comprender pautas relacionadas con el signo de Libra. Los Libra al verse obligados por la vida a elegir una cosa sobre otra están forzados a actuar en sentido contrario a su deseo innato de tener de todo un poco, más que algo en particular a expensas de otra cosa. Creo que la famosa “indecisión” libriana no se deriva de una incapacidad para elegir sino del miedo a las consecuencias de la decisión.

El desarrollo del signo de Libra parece encerrar una curiosa paradoja: aunque está enamorado de las leyes ordenadas de la vida y deposita una gran fe en la justicia, se ve enfrentado cara a cara con los aspectos inmorales y desordenados que fragmentan y dividen su deseada unidad.

La propensión de Libra a vacilar entre dos mujeres, entre dos hombres, dos vocaciones o dos filosofías nos insinúan que mientras el signo no pueda soportar la división y la falta de armonía del universo habrá algo en su interior que le divida. Algo que solo podrá descubrir a través del profundo conocimiento del proceso de decisión.

La fluctuación entre macho y hembra, entre espíritu y cuerpo es típica de los hombres y mujeres de Libra.

Como Paris o como Job en el Antiguo Testamento, Tiresias hubo de pagar por su comprensión sobre la naturaleza de los dioses, pero el viejo profeta recibió un regalo a cambio, la visión. En la mitología la imagen de la ceguera suele simbolizar  una  visión dirigida hacia interior, una capacidad de abarcar o sintetizar los opuestos.
Tiresias se ha entrenado en sostener los opuestos en la mente. Sobre la base de esta preparación -que es una experiencia de vida- es capaz de ver el “otro polo” de las situaciones y de las personas, no con la mente común, binaria y conceptual sino con la mente atenta, unificada, no polarizada lo que le permite la visión completa.

Hay una armonía subyacente en el Cosmos que hace que toda unilateralidad se equilibre en algún momento, deviniendo hacia la unilateralidad que la complementa. Es la necesidad de cada polo de dar paso invariablemente al otro. Un juego pendular que sólo se puede captar si se es capaz de ver ambos extremos.

Creo que Paris es una imagen de la adolescencia de Libra y que el profeta Tiresias lo es de la adultez. Si Libra puede aceptar que los dioses no son tan justos podrá en acción de manera genuina su papel como portador de civilización y de reflexión.

Así como Aries es el amanecer de la personalidad, Libra es el amanecer de la conciencia social, la posibilidad de establecer una relación con otro ser, el comienzo de la acción cooperativa. Por primera vez en esta fase del Zodíaco, el hombre tiene sentido de los valores sociales.

Libra como polaridad de Aries, representa la renovación del yo individual en un nuevo nacimiento social. Es el punto de equilibrio entre los principios femenino y masculino, representa además el equilibrio del deseo.

Su instrumento de penetración en el mundo es el lenguaje, toma posesión de el mentalmente, a través del concepto, del pensamiento organizador.

El camino de Libra es el de la armonía entre la Verdad y la Realidad, camino que tiene que ver con la justicia pero no en su forma jurídica, sino con el ser justo.

Con nuestras historias míticas hemos llegado al signo Libra y con el comenzaremos a ver los signos en su polaridad.

Polaridad, implica oposición y los opuestos se enfrentan, luchan, tienen un conflicto que resolver hasta alcanzar un punto de entendimiento y equilibrio. Equilibrio que ocurre cuando cada polo se descubre como una de las partes y aprende a completarse cuando se integra con su oponente resolviendo de este modo el conflicto.

El Zodíaco nos trae seis polaridades que deberemos integrar: Aries-Libra, Tauro-Escorpio, Géminis-Sagitario, Cáncer-Capricornio, Leo-Acuario y Virgo-Piscis.

En esta primera polaridad los valores individuales son estimulados con los valores complementarios, lo masculino se encuentra con lo femenino, lo puro ahora se mezcla, el yo se encuentra con el tú.

El propósito de Aries es alcanzar la conquista  del propio ser a través de la acción basada en el antagonismo, en el enfrentamiento con el otro, que no es sino el espejo de sí mismo proyectado en la relaciones. Por eso su método es la confrontación franca.

El propósito de Libra es encontrar la paz y el equilibrio interior enfrentando a su propia sombra, que se presenta en situaciones de violencia exterior, mediante la confrontación pasiva, hasta que alcanza el punto de equilibrio activo que le lleva a encontrar la individualidad mediante la cooperación.

El impulso vital, el movimiento impetuoso propio de Aries se convierte en armonía y equilibrio en estado de avance en Libra.

Aries enseña a expresar la vitalidad espontánea, sin inhibiciones, el sentimiento de fuerza y potencia. Es movilizarse, lanzarse a la acción, germinar, nacer, ser a pesar del miedo o la inseguridad.

Libra enseña a discernir para lograr el equilibrio entre pensamiento y deseo, y a comprender nuestras proyecciones, es decir a diferenciar el yo y el no yo.

El desafío en esta polaridad Aries-Libra consiste en desarrollar vínculos sanos que estimulen el crecimiento individual de cada integrante de la relación y su cooperación social.

Podríamos preguntarnos entonces: ¿cómo soy y cómo ven los otros? ¿qué aspectos me complementan? ¿qué necesito en la pareja o en una sociedad? ¿cómo consigo lo que quiero? ¿cuáles son mis valores acerca de la pareja? ¿cómo manifiesto mi necesidad de dar y recibir amor? ¿dónde necesito encontrar paz y armonía?  ¿cómo trato y quiero ser tratado por ella? ¿qué aspectos personales alimentan mis vínculos cotidianos? ¿qué carencias busco compensar? ¿qué valorizo en esta relación actual? ¿qué me propongo cambiar en mí mismo?


Liliana  López  Conde
Consultoría Astrológica
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Bibliografía

-       “Astrología y Destino” Liz Greene

-       “El héroe de las mil caras” Joseph Campbell

-       “El Viaje Mítico” Juliet Sharman-Burke y Liz Greene

-       “El Tao del Zodíaco” Cristina Vallejos

 
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