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TAURO y el Minotauro de Creta | Astrología
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TAURO y el Minotauro de Creta Imprimir E-mail
Escrito por Liliana Lopez Conde   
Miércoles, 29 de Abril de 2009 09:55

En el artículo anterior habíamos visto como la energía irrumpe para dar comienzo al nuevo ciclo. El ímpetu de Aries va hacia adelante y en línea recta pues es el camino más corto entre dos puntos. Ya con el camino abierto, es función de Tauro, que esa energía se vuelva productiva, por lo que su movimiento será circular como el de todo objeto que intente extraer sustancia.

Tauro está simbolizado por el buey, el toro o la vaca. Animal laborioso que ayuda al agricultor a arar la tierra que le dará alimento (el buey). Animal majestuoso y aguerrido que embestirá cuando es provocado (el toro). Y animal tranquilo que come pasto y devuelve en leche lo que recibe (la vaca).

Estas tres actitudes: productividad, lucha y bienestar marcan tres posibles relaciones del signo con el mundo. Tauro disfruta de los dones que alcanza a través de sus sentidos, el concepto de placer no le es ajeno, sostiene un espíritu práctico en la búsqueda de resultados que le otorguen seguridad personal y sabe pelear y cuidar lo que considera que le pertenece.

La diosa de la belleza y el amor sensual, llamada Afrodita por los griegos y Venus por los romanos es la representante del signo de Tauro o signo del Toro.

En la mitología hay tres toros asociados a este signo. Uno de ellos es el toro blanco que raptó a la joven Europa de su hogar y la llevó a Creta. Se trataba del mismo Zeus, rey del cielo, transformado en animal para seducir a la mujer que había elegido y con la que tuvo tres hijos: Minos, Radamantis y Sarpedón.
El segundo es una vaca. Una amante de Zeus llamada Io, es convertida en vaca por la celosa Hera, esposa de Zeus.
Y el tercero y más famoso es el toro blanco de Creta del que se enamora Pasifae, esposa del rey Minos y de cuya unión nació el monstruoso Minotauro.

Minos es hijo de Zeus y de Europa, hijo de un dios que había adoptado la forma de toro para seducir. Por indicación de Zeus, Asterión el rey de Creta, se casó con Europa. Al carecer esta pareja de descendencia propia, los hijos habidos entre Europa y Zeus fueron adoptados por el rey cretense.
A la muerte de Asterión, los tres hermanos aspiraron al trono. Pero Minos para defender su causa, alegó que era deseo de los dioses que el trono cretense fuese ocupado por él. Para probarlo, afirmó que los dioses le concederían cuanto pidiese. Así fue como Minos pide a Poseidón, dios de los mares y los terremotos, que hiciese salir del mar un toro, como señal para todo el mundo, que su reclamo al trono era favorecido por los divinos poderes.
Sella la plegaria con la promesa de sacrificar inmediatamente al animal, como ofrenda y símbolo de su lealtad a Poseidón y el reconocimiento de que su derecho a gobernar procedía del dios de las profundidades oceánicas. Con ello Minos pretendía demostrar a todos que el poder no era sólo suyo y que debía usarlo responsablemente.
Poseidón, que también tiene forma de toro, accedió e hizo surgir del mar un magnifico toro blanco por lo que Minos se convierte en rey.
Pero era tan hermoso el animal que Minos, que se había asegurado la corona,  se arriesga a sustituirlo pensando que el dios no se daría cuenta y  ofrece al altar de Poseidón el mejor toro blanco que tiene en su rebaño y se queda con el toro sagrado salido del mar.
Con esto consiguió que sus hermanos renunciasen a sus pretensiones pero también atrajo sobre sí el enojo de Poseidón, quien para vengarse de la blasfemia   enloqueció al toro, que a partir de aquel momento, vagó furioso por la isla aterrorizando a la población.
Además Poseidón le pide a Afrodita (la de mirada vacuna) que inspire en Pasifae (esposa de Minos) una pasión incontrolable por el animal. Pasifae convence a Dédalo, un famoso artesano del reino, para que le hiciera una reproducción en madera de una vaca de modo que ella pudiera entrar y unirse sexualmente con el toro. Dédalo realiza el trabajo y de la unión entre ambos nace el Minotauro, un horrendo monstruo con cuerpo humano y cabeza de toro que se alimenta de carne humana.
El rey Minos, aterrorizado y avergonzado pide a Dédalo que construya un Laberinto donde ocultar al monstruo de la mirada de la gente.    
Exigió también a los atenienses el tributo de jóvenes y  doncellas, que le debían ser entregados una vez al año. La misión de estos jóvenes era servir de pasto y saciar el apetito del Minotauro.

Año tras año el cáncer secreto que existía en el centro del reino consumía la tranquilidad del rey Minos hasta que un joven ateniense llamado Teseo se presentó como voluntario para ser parte del tributo que se ofrecería al Minotauro. Minos acude en persona a recoger la ofrenda. Durante la travesía, el rey cretense, se encaprichó con una de las doncellas destinadas al Minotauro. Para legitimar sus derechos sobre la muchacha, proclama que es hijo de Zeus, y pide a su padre divino una señal que corroborase sus palabras. Zeus responde y envía un rayo. Pero Teseo, que también amaba a la muchacha, alegó que él era hijo del dios Poseidón. Minos tira un anillo al mar y pide a Teseo que con ayuda de su padre lo recuperase para ratificar su afirmación. El joven héroe se sumergió en el mar, donde fue guiado por unos delfines hasta el palacio de su padre. Y allí Poseidón le devolvió el anillo.
Una vez en Creta, Teseo conoció a Ariadna, hija de Minos, que quedó prendada del héroe ateniense. A cambio de que la llevase con él y la hiciese su esposa, ella le proporcionó un ovillo de hilo, que le había entregado Dédalo, con el que podría encontrar la salida del Laberinto.
Teseo logra matar al Minotauro y puede escapar de los intrincados pasadizos del palacio, ayudándose con el ovillo. Para evitar que los cretenses le siguieran, hundió sus naves y zarpó llevándose a Ariadna. Cuando hizo escala en la isla de Naxos, Teseo abandonó a la muchacha y prosiguió su viaje hacia Atenas. 

Cuando Minos descubrió la muerte del Minotauro y la huida de Teseo, intuyendo la intervención de Dédalo, encerró al artista junto a su hijo Icaro en el Laberinto. Pero Dédalo, construye unas alas para él y para su hijo y con ellas logran escapar del Laberinto.
Dédalo que desciende de la familia real ateniense por parte de su madre, personifica al artista universal. Se destacó en arquitectura, escultura y es además un prodigioso inventor. Fue el primero en representar la figura de los dioses al inventar la escultura. Las obras salidas de sus manos parecían tener vida propia.

Antes de llegar a Creta, mientras trabajaba en Atenas, tenía como discípulo a su sobrino Talos. Este ingenioso muchacho, a pesar de su corta edad, amenazaba con superar a su maestro. Cuando Talos inventó la sierra, inspirándose en la mandíbula de una serpiente, Dédalo no pudo contener por más tiempo sus celos y arrojó al chico desde lo alto de la Acrópolis. Su crimen fue descubierto y el tribunal de Areópago lo expulsó de la ciudad. Es entonces que se refugia en Creta, siendo muy bien recibido por Minos. Allí se convirtió en el escultor y arquitecto del monarca .para quien  construyó el famoso Laberinto,  ese inmenso palacio lleno de complicados pasadizos, salas y corredores destinados a que aquel que entrase no pudiese nunca encontrar la salida. Para Ariadna preparó el hilo que le permitió a Teseo salir del Laberinto, tras matar al Minotauro.

En este relato vemos la unión entre el don divino y el poder material, el regalo de los dioses y el uso del poder personal.
El error principal lo comete el mismo rey Minos y a Pasifae no le queda más que representar el papel que el destino le reserva.
Sobre la falta de Minos, el mitólogo Joseph Campbell dice: …Minos había obtenido un beneficio personal y la devolución del toro hubiera simbolizado su sumisión generosa al poder recibido, mientras quedarse con el toro significa seguir el impulso del auto engrandecimiento egocéntrico. Este rey por “la gracia de Dios” se convierte en el poderoso “monstruo-tirano”, buscando solo su propio beneficio….
Con esta descripción Campbell nos remite a la figura del acaparador de beneficios, al monstruo codicioso que sólo se preocupa por “él y lo suyo”.
El poder terrenal que le posibilita aumentar las riquezas es el regalo para el signo de Tauro mientras el desafío es el monstruo-tirano al que deberá enfrentar.

Al comienzo de la historia el rey Minos se presenta como un hombre decente que no se apodera del trono por la violencia o la traición. Acude a los dioses para invocar un juicio y estos le recompensan por su humildad. Pero la codicia y la vanidad le arrebatan lo mejor que hay en él. Una vez que tiene lo que quiere (el derecho al trono) quiere algo más (el toro sagrado) y se olvida de sus ideales (promesa de sacrificar al toro) y comienza a sentirse superior (cree poder engañar a Poseidón con otro ejemplar).
El Minotauro es la imagen feroz de algo ciego, bestial y despiadado que mora en el centro del reino y, por lo tanto, en el corazón del mismo rey. Es una imagen mítica de nuestra humanidad que puede volverse ciega por los instintos, perdiendo la capacidad de reflexión, los altos ideales y la generosidad.
El Minotauro oculto en el centro mismo de un reino, aparentemente abundante y poderoso, conduce a un estancamiento que provoca la llegada del héroe para movilizar la situación.

Aquí nos encontramos con el aspecto irónico del mito, ya que Teseo, como Minos (rey e hijo de un dios), es el hijo del dios toro Poseidón y la criatura con la que debe luchar en el Laberinto es el aspecto oscuro y bestial de su propio padre y al mismo tiempo el símbolo del pecado de Minos. De esta manera Minos, su Minotauro y Teseo están vinculados por el toro y son aspectos de un mismo núcleo arquetípico. En cierto sentido Minos y Teseo son figuras duplicadas pues uno cometió el pecado y el otro debe redimirlo.
¿Pero qué es el toro? ¿Qué es ese símbolo de poder que debe ofrendarse al dios?  El toro no es violento, es un animal terrenal y está relacionado con la fertilidad terrestre. El toro no es malo pero si el hombre le permite ir a su antojo puede arrastrarle a la destrucción porque se mueve solamente siguiendo sus caprichosos deseos (el toro vaga por la isla de Creta aterrorizando a los pobladores). La represión tampoco es adecuada (el toro escondido en el laberinto sigue con apetito).

La fórmula budista parece ser la más indicada. El hombre y el toro deben danzar juntos y respetarse mutuamente. En el poema de la “Doma del Buey” se consideran los distintos pasos o etapas en la domesticación del toro y al final, toro y hombre se desvanecen y se revelan como partes de la misma unidad. En estas antiquísimas imágenes orientales se refleja el problema de la relación existente entre el ego y los instintos.

La juventud es una época vital en la que el ego se reafirma de una forma bestial. Empuja contra la vida, los deseos se agigantan con la proyección de necesidades enormes de tipo sexual, afectivo, intelectual, y corporal. Los sentidos se abren de golpe, pero con una entrada de sensaciones sin refinar. En realidad la juventud en grandes trazos es una edad de las extremas alegrías, de los extremos aburrimientos, de la idealización de las cosas, del dramatismo exacerbado, del poder de la auto-imagen, del narcisismo y el autocentramiento sin límites. Toda esa energía necesita ser encauzada y transformada, refinada en la vida cotidiana y en todo ser humano.

Debemos encaminarnos a una búsqueda interior para encontrarnos con la parte animal de nuestro ser profundo y echar luz a nuestra consciencia,  Apoyar la “unión” y la “doma” de dicha parte animal y conducirla hacia la transcendencia. Solo entonces, veremos cómo nuestro ser vuelve al mundo y se encuentra con los seres que le rodean, para poder comunicarse desde su centro.
No es la utilización de la fuerza bruta, sino el uso de las herramientas adecuadas.

El “látigo” es el símbolo de la perseverancia. La fuerza de voluntad, que implica una alta concientización de la energía que utilizamos, e incluso del esfuerzo y trabajo necesarios. Ese látigo es la consciencia directa que “golpea” o “chasquea” el aire, con ánimo de despertar nuestra luz interior para mantenernos atentos y despiertos con la mente “focalizada”.

La “cuerda” es el medio por el cual mantenemos la mente “dirigida”, la consciencia directa en las sensaciones físicas, en los pensamientos, en las imágenes, en las emociones.

Nuestro verdadero Ser Esencial es una fuente inagotable de Vida y uno puede “montar” en la energía de la Vida y recibir el impulso de la alegría de vivir. Nuestra alma entera, con la fuerza cooperativa de nuestra parte más oscura, imprecisa, e instintiva es el motor, el soporte vital de la vida.
No se trata de matar al buey sino de aprender a transcenderlo manteniendo un respeto mutuo de modo que el toro llegue a ser más humano y el hombre más animal.

Como ya hemos dicho la representante del signo de Tauro es la diosa Afrodita-Venus que esta casada con Hefesto (para los griegos) o Vulcano (para los romanos) quien es el herrero divino, feo y deforme, poseedor de una gran habilidad que reside en su fuerza física y en su extraordinaria capacidad artística. Es el forjador de metales, el que trabaja y modela la materia más densa. Siempre que en los mitos los dioses están emparejados parece estar haciendo referencia a dos mitades de un mismo patrón: la belleza y la fealdad, la gracia y la tosquedad, la habilidad y la torpeza, la fortaleza y la debilidad, el idealismo y la terrenalidad.

Si tienes tu Sol en el signo de Tauro o en tu Carta Natal están el Ascendente o Venus en este signo, tendrán mucho significado para ti la calidez, el deseo, la perseverancia, la productividad, la tranquilidad, la belleza, el bienestar, los olores, los sabores, la sensualidad, el confort, la fecundidad, las pertenencias, la naturaleza, el erotismo, los celos, etc.
Si ese no es tu caso, ten presente que todos tenemos al signo de Tauro en algún lugar de nuestra Carta Natal.

Podrías preguntarte entonces:
¿En qué aspecto de mi vida está funcionando la energía de Tauro?,  ¿Qué deseo?, ¿Qué es hermoso  para mí?, ¿Puedo expresar mis gustos personales?
¿Me siento lo suficientemente valioso como para disfrutar de la vida?, ¿Qué necesito desarrollar para mi autoestima?
¿En mi trabajo debo ser más productivo? ¿He desarrollado mis capacidades artísticas? ¿Sé cuales son mis talentos?
¿En mi relación afectiva dejo que fluya la sensualidad y el arte de amar? ¿Dónde debo enfrentarme con los celos y lo posesivo que hay en mí? ¿Conozco el lado oscuro de mis instintos?
¿Dónde o en qué debería ser más desapegado? ¿En que facetas de mi personalidad se esconde el Minotauro?
¿Disfruto y gozo de la vida plenamente?

Liliana  López  Conde
Consultoría Astrológica
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Bibliografía

  1. “Astrología y Destino” Liz Greene
  2. “El héroe de las mil caras” Joseph Campbell
  3. “El Viaje Mítico” Juliet Sharman-Burke y Liz Greene
  4. “Mitos Griegos” Georg Junger Friedrich
  5. “La Doma del Buey” interpretación de Rosa Cobos Asteguieta

 

Última actualización el Martes, 07 de Julio de 2009 20:23
 
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