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VIRGO y el mito de Deméter-Perséfone | Astrología
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VIRGO y el mito de Deméter-Perséfone Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Jueves, 03 de Septiembre de 2009 00:39

En la entrega anterior, con el signo de Leo transitamos el camino de la singularidad, de la diferencia, de la individuación.

Hoy continuamos nuestro recorrido llegando al sexto signo del zodíaco, a Virgo o el signo de la Doncella o Virgen.

El término “virgo” en su significado original no tiene que ver con la virginidad sexual. El vocablo significa sencillamente una mujer que no se casó, o sea una mujer que no pertenece a un hombre, que no es esposa de nadie y cuya identidad le pertenece. Nadie es dueña de ella. Nadie la complementa.

En la mitología abundan las diosas vírgenes y muchas de ellas, paradójicamente vírgenes y fecundadas, no por un mortal sino por el espíritu o algo numinoso o incorpóreo que proviene de su interior o de lo alto. Se convierten en vasos para que nazca un niño divino.

Una de estas diosas virginales es Perséfone, figura relacionada con el signo de Virgo.

Deméter y Perséfone  (Ceres y Proserpina para los romanos) son las diosas gemelas percibidas como madre-hija, que representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y su emergencia cíclica.

Los Misterios Eleusinos  que se celebraban en honor a estas Diosas eran ritos de pasaje o iniciación para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepción de la vida que surge de la muerte. Durante dos mil años, hasta la llegada del cristianismo, fueron los rituales más sagrados de la Grecia Antigua.

Tenemos conocimiento de este mito por los poetas griegos de la segunda mitad del primer milenio a.C. que tomaron el mito de una tradición oral anterior, varios siglos después de las invasiones de guerreros nómades, producidas durante la Edad de Bronce y de Hierro.  Estos pueblos invasores, aqueos y dorios, conquistaron la cultura de la Diosa agrícola e introdujeron reformas sociales y religiosas colocando a Deméter, Perséfone y otras deidades bajo la influencia de Zeus, Poseidón y Hades.

El culto a Deméter y Perséfone continuó en la cultura helena que surgió luego de las conquistas, porque la mentalidad sagrada de los dioses guerreros no poseía una cosmovisión tan desarrollada sobre los misterios de la vida, la muerte y el renacimiento.

Las versiones griegas cuentan que Hades, dios que rige en el Tártaro o Mundo de los Muertos secuestra a Koré-Perséfone, la doncella,  la hija primaveral de Deméter cuando recogía flores en una pradera acompañada de un cortejo de ninfas, para hacerla su esposa a la fuerza.

Hades, que ya había dirigido su mirada hacia Perséfone, planta una flor bellísima donde ella pueda verla. Se trata de un narciso que está asociado con la muerte. Tan pronto ella recoge la flor,  el suelo se abre bajo sus pies y llega el Señor del Mundo Inferior, en su carruaje dorado tirado por negros caballos. La rapta y la obliga a un matrimonio letal. Hades ofrece a Perséfone la fruta del mundo subterráneo, la granada, que es  símbolo de fertilidad.

En el mundo de las profundidades Koré se convierte en la Reina de los muertos y toma el nombre de Perséfone.

En los relatos se destaca el dolor de Deméter, diosa de la fértil Tierra, ante la desaparición de su hija y su búsqueda desesperada.

La diosa fértil abandona el Olimpo y comienza a buscar a su hija, la doncella Koré durante nueve días y noches, sin beber ni comer. En su peregrinaje la acompaña Hécate, la diosa de las Encrucijadas (o la Anciana Sabia, que con la Doncella y la Madre forman la Triple Diosa pre-patriarcal).

Deméter se viste de negro en señal de duelo, transformando su belleza y esplendor divino en la imagen de una madre humana angustiada.

En su peregrinaje llega a la casa de la reina Metanira en Eleusis y es tomada como nodriza del hijo menor de la reina. En agradecimiento por la hospitalidad Deméter decide convertir al niño en inmortal, colocándolo en el fuego sagrado. Pero la reina asustada interrumpe el proceso y la Diosa le revela su verdadera identidad y le da indicaciones para que se construya su templo en Eleusis donde se llevarán a cabo sus misterios sagrados. Además, entrega a Triptólemo, otro hijo de la reina, un carro tirado por serpientes y  le da semillas para que difunda uno de sus mayores dones: la agricultura.

El joven príncipe le había dado información sobre el rapto de Koré, presenciado por sus hermanos que vieron cómo se abría la tierra para que entrara un carro tirado por corceles negros. El rostro del conductor era invisible y con el brazo derecho sujetaba fuertemente a una muchacha que gritaba. Con esa información, Deméter y Hécate van ante Helios, el dios sol “que todo lo ve” para que admita ante ellas quién es el raptor. Helios confirma la sospecha de Deméter: Hades, el hermano de Zeus es el secuestrador de Koré.

Deméter está tan indignada que deja de sustentar la vida, impidiendo que florezca sobre la tierra. Zeus envía regalos y mensajes a Deméter para que deponga su actitud y acepte los hechos, es decir su voluntad y la de su hermano. Pero ella responde que la tierra seguirá siendo estéril hasta que su hija sea devuelta.

Entonces Zeus ordena a su hermano Hades que devuelva a Koré y también le dice a Deméter que su hija le será devuelta, siempre y cuando, no hubiese  probado la comida de los muertos.

Mientras tanto, en el Tártaro, Perséfone llora continuamente, negándose a comer o beber los manjares que Hades le ofrece. Entonces el astuto Hades le dice que la dejará en libertad porque ve que es desdichada y su madre llora por ella. Koré deja de llorar y acepta las semillas de una granada que Hades le ofrece. El dios Hermes es el encargado de ir a buscar a Perséfone.

Finalmente, en la ciudad de Eleusis, se reencuentran madre e hija. Pero Koré-Perséfone había comido la granada en el mundo de los muertos quedando así vinculada a Hades. Entonces se llega a un acuerdo: Perséfone pasará un tercio del año con Hades en el Tártaro y el resto del año con Deméter sobre la faz de la tierra. Hécate se encargará personalmente de la protección de Perséfone ofreciéndose como garante para hacer que el pacto se cumpla.

Luego de la historia, analizaremos ahora el significado de este mito.

Koré  es la diosa de la primavera. Es la hija de Deméter, la diosa de la cosecha y vive con su madre en un mundo sensual y maternal. Su vida está ceñida por los sentidos y mientras conozca la denominación, el orden y las pautas de todas las cosas, su mundo le ofrece protección y resguardo. La madre-hija  con su atadura no permite el ingreso de ninguno de los hombres terribles que podrían destruir esta seguridad y este orden.

Después de educar, iniciar e impulsar a la Hija, Deméter se repliega asumiendo su faz de Hécate, diosa otoñal e invernal de la tierra y de las encrucijadas. En este sentido, ella no es una madre desesperada ni una mujer atormentada por la pérdida, sino una Anciana Sabia oculta en las raíces y en las hierbas curativas, debajo de la tierra y dentro de las cuevas donde la vida se refugia hasta que el ciclo de vida se complete.

En analogía con el grano de trigo: Koré, representaría el grano verde (la doncella), Perséfone, la espiga madura (la amante), y Hécate,  el grano cosechado (la anciana sabia).  Deméter, diosa de las cosechas o de la agricultura, simboliza los poderes de la naturaleza, su transformación y emergencia cíclica. Nos habla de la vida en su eterno ciclo de nacimiento, muerte y resurrección.

Desde la perspectiva de un proceso unitario y de transformación cíclica, cada una de las figuras del mito nos remite a la otra. Se articula así una comprensión más amplia, una conciencia que, arraigada en el tiempo y el espacio, integra lo fuerte y lo débil, lo viejo y lo joven, lo alto y lo bajo. En palabras de Jung, madre-hija “añaden lo más viejo y lo más joven, lo más fuerte y lo más débil, ampliando así la estrecha conciencia individual”.

El retraimiento de la Madre, más el descenso de la Hija al Mundo de los Muertos, manifiestan la llama de la vida en estado de latencia y espectación.

El grano de cereal aventado y almacenado en las vasijas del templo de la Diosa agrícola en Eleusis, también era un “muerto durmiente” en espera de su futura resurrección en la nueva planta. Cuando los habitantes de la cultura agrícola de la Diosa Deméter sembraban enterrando esas diminutas semillas secas e inertes, éstas seguían la simbólica del invierno y de la muerte cíclica.

Las semillas debían ser sepultadas en el útero-tumba a la espera del milagro que las convertía en una potente fuente de alimento y prosperidad. La siembra y el invierno a su vez recordaban la gestación uterina cuando la sangre menstrual de la mujer fluía hacia adentro para alimentar el feto que crecía en las penumbras de su cuerpo.
Con el retorno de la primavera, cuando la Hija Perséfone emerge del Mundo Subterráneo, la Madre Deméter vuelve a poblar el mundo y la vida durmiente nace nuevamente sobre la tierra: las hembras paren, las plantas florecen y los árboles dan sus frutos. Los humanos participan de este retorno primaveral expresando sentimientos de amor, amistad y solidaridad. La vida de la comunidad como la de la naturaleza, se renueva. Hay festejos y esperanzas compartidas.

El mito de Démeter contiene en su núcleo a la vida en su misterio de nacimiento, muerte y resurrección. El evangelista Juan nos habla al respecto cuando señala: “si el grano de trigo que ha caído en la tierra no muere, permanece solitario; pero si muere lleva mucho fruto.” (Juan, 12,24).

El rapto de Koré guarda una analogía con el ciclo de la “semilla secuestrada” en las entrañas de la tierra, sometida a las potencias de la muerte y luego vuelta a la vida al aflorar la nueva planta (Perséfone).

Este proceso de la naturaleza es un símbolo que pone de manifiesto la tenue línea que separa la vida de la muerte, y la unión de las fuerzas conscientes e inconscientes, visibles e invisibles, componentes del cosmos que forman parte en todo acto de creación. Metafóricamente, la estadía en el reino de los muertos (Hades) otorga la posibilidad de transformación y renacimiento, al posibilitar la integración a la conciencia de aspectos inconscientes y desconocidos del alma.

Las tres figuras femeninas que aparecen en el mito son personificaciones de la gran diosa Démeter, que desdoblada en dos (díada)  o tres aspectos (tríada), representa el poder sustentador de la vida, con sus florecimientos y repliegues estacionales, tal como se manifiesta en la naturaleza, los seres humanos y en la cultura.

Los pueblos antiguos veneraban estos arquetipos femeninos para obtener alimento, salud y bienestar, sabiendo que Deméter-Perséfone era su fuente de origen, la diosa de la creación que periódicamente volvía a crear al mundo manifestando la abundancia de los comienzos en cada primavera y en cada cosecha.

El significado ancestral del mito se refiere a una concepción sagrada donde vida-muerte conforman parte de un mismo proceso. Ambos aspectos no están dualizados y no funcionan como opuestos irreconciliables. La muerte natural como la vida es una experiencia de transformación, iluminación y maduración que abarca dimensiones espirituales, psicológicas y culturales de las personas. En este sentido, la interrelación e interconexión de las diferentes formas de vida es el tema central en este mito matríarcal agrícola.

Así, la Diosa Deméter refleja la experiencia de la maternidad, que no quiere decir solamente el proceso físico de gestación, sino la maternidad de todas las posibilidades aún sin desarrollar.

Deméter, la Madre Tierra representa también la experiencia íntima del descubrimiento del propio cuerpo como algo valioso que merece ser cuidado.  Que tiene la sabiduría y la paciencia para aguardar hasta que el tiempo esté maduro para la acción.

En Perséfone hay algo que anda en busca de experiencias y llama al destino cuando arranca el narciso, aunque no sea consciente de ello. El defecto de Perséfone es la inocencia, el ideal de perfección y esa es la pauta de destino que debe afrontar.

El rapto de la diosa se refiere a la apertura al flujo de la vida, a una disposición a confiar en el orden natural, a una aceptación a la penetración y el cambio.

Esta es la pauta del signo de Virgo, el destino que configura su núcleo.

Sin embargo esto no es fácil, como tampoco lo es para Leo la búsqueda del Grial, ni la doma del Toro para Tauro, ni el Vellocino de Oro para Aries, etc., y es más fácil y frecuente que Virgo adopte una conducta ritualizada, algunas veces obsesiva con síntomas psicosomáticos. Virgo no simpatiza con el desorden, todas las cosas tienen su tiempo y su lugar.

El ordenamiento intrínseco natural y la apertura al cambio que otorgue un nuevo orden es la paradoja que supone un conflicto para el signo de Virgo.  Conflicto que muchas veces se manifiesta como colisión entre vida personal y profesional, entre matrimonio e independencia, entre espiritualidad y materialidad o entre moralidad y abandono. Virgo lucha con estos opuestos intentando conciliarlos. A menudo toma uno de los aspectos al tiempo que sacrifica el otro.

Muchos Virgo suelen enfrentarse al dilema de tener que escoger entre el sendero seguro y acomodado, pero estéril, de sumisión externa (la doncella Koré atada a Deméter) y el camino fértil pero solitario (Perséfone diosa de las profundidades) de permanecer fiel a sí mismo (Deméter-Perséfone, diosa fecundada y virginal que emerge de las profundidades).

Como escribe Jung en su ensayo sobre la Kore: “La doncella debe siempre ser sacrificada para que pueda convertirse en madre, ese es su destino”. Maternidad que como ya vimos, si se entiende en sentido profundo, alude al desarrollo de una serie de potencialidades y al alumbramiento de una pauta interior que se manifiesta en el exterior. En el momento en que estos potenciales internos se expresan, la doncella debe morir, porque con cualquier creación física desaparece el ideal de perfección.

“Siempre es “el cereal” el que se hunde bajo tierra y el que reaparece, el que se siega en su madurez dorada y que, no obstante, permanece entero como trigo rico y sano -madre e hija en una-.”(Carl Kerényi).

Los mitos son muy persistentes, decía Mircea Eliade, porque contienen modos de ser y actuar que son relevantes para las personas. Al estar encarnados en diosas y dioses, animales o plantas sagrados, los mitos pre-patriarcales y sus símbolos arquetípicos comunican una historia de los tiempos primordiales que puede iluminar las búsquedas del presente. Muchos mitos y arquetipos, como el de Démeter-Perséfone, siguen latentes en el inconsciente colectivo y a veces saltan a la conciencia de las personas en momentos de crisis y de cambio.

Si tienes tu Sol en el signo de Virgo o en tu Carta Natal están el Ascendente o la Luna en este signo, tendrán mucho significado para ti: la previsión, la utilidad, la prudencia, el orden, la precaución, el racionalizar, planificar, diagramar, la investigación, observación, la economía, la organización, la eficiencia, el servicio, la claridad, la destreza, el perfeccionismo, la crítica, la higiene, la dieta y los hábitos saludables, etc.

Si ese no es tu caso, ten presente que todos tenemos al signo de Virgo en algún lugar de nuestra Carta Natal, es decir todos portamos esa energía y la manifestamos en algún área de nuestra vida.

Podrías preguntarte entonces:

¿Qué reajuste necesito hacer en mi proyecto? ¿Cómo afronto mis fracasos?  ¿Enfrento las dificultades como oportunidad de cambio? ¿Cuál es el mejor esfuerzo que puedo hacer en mi actividad? ¿Estoy llevando a la práctica mis planes? ¿Cómo reorganizo mi trabajo?

¿Cómo reacciono ante las crisis y el sufrimiento? ¿Qué potencialidades no desarrolladas surgen ante lo no previsto? ¿En qué estoy estancado y no permito cambios? ¿Dónde me vuelvo obsesivo? ¿Cómo me manejo con el orden? ¿De qué manera o en qué tengo rituales? ¿El ideal de perfección no me deja ser creativo? ¿Doy espacio a los momentos de soledad para que surja lo nuevo? ¿He aprendido la paciencia?

¿Acepto los ciclos y los acompaño? ¿He analizado mis metas? ¿Malgasto mi energía?  ¿Sirvo a mi comunidad? ¿Escucho lo que mi cuerpo necesita? ¿Me cuido?

¿Hago limpieza y purificación de mis sentimientos? ¿Me alimento con buenos pensamientos? ¿Sé reconocer la grandeza en los demás? ¿En que soy muy crítico? ¿Poseo discriminación y autocrítica? ¿En qué cometo abusos? ¿Atiendo y cuido mi lado espiritual? ¿Elijo la calidad en mi vida? ¿Disfruto mi trabajo? ¿Aspiro a mejorar mi cotidianidad? ¿Reflexiono sobre mis emociones o hago síntomas físicos? ¿Escucho mis miedos y los atiendo? Etc.

Estas podrían ser algunas de las preguntas.

Lo verdaderamente importante es, que ante las crisis o los sufrimientos, recuerdes los ciclos de vida-muerte-resurrección y elijas emerger con mayor sabiduría y comprensión espiritual, como Deméter-Perséfone, para que todo florezca nuevamente.


Liliana  López  Conde
Consultoría Astrológica
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Bibliografía

-       “Astrología y Destino” Liz Greene

-       “El héroe de las mil caras” Joseph Campbell

-       “Las Diosas en cada mujer” Jean Shinoda Bolen

-       “El Viaje Mítico” Juliet Sharman-Burke y Liz Greene

“El mito de la transform

Última actualización el Jueves, 03 de Septiembre de 2009 00:49
 
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